Si sigues el mundo del skate en redes sociales, el nombre de Weckingball —o simplemente Weck— no te sonará a nada nuevo. Este tipo se ha ganado una reputación de troll de primera división a base de soltar opiniones sin filtro sobre todo lo que se mueve en la industria del skate: desde pillar a gente haciendo trampa en sus manuals hasta llamar ciclado a Brandon Biebel con la misma naturalidad con la que te pides un café. Básicamente, si hay alguien dispuesto a decir en voz alta lo que muchos piensan en silencio, ese es Weck.
Su último objetivo han sido los logos de las marcas más grandes del skate. Y la verdad es que, una vez que lo ves, no puedes desverlo.
La teoría de Weckingball es tan sencilla como demoledora: que los fundadores de algunas de las empresas más icónicas del skateboarding no se rompieron precisamente la cabeza a la hora de diseñar sus logos. Según Weck, más de uno simplemente agarró referencias obvias —fuentes tipográficas genéricas, símbolos ya existentes, estéticas copiadas de otras industrias— y las reempaquetó como si fuera una visión artística revolucionaria.
¿Que el logo de tu marca favorita no es tan original como creías? Puede que Weck tenga razón. Puede que no. Pero lo que está claro es que el tío tiene el don de hacerte dudar de cosas en las que nunca habías pensado, y eso, en un mundo donde la imagen de marca lo es casi todo, duele un poco.
Al final, Weckingball hace lo que mejor se le da: agitar el avispero, soltar la piedra y alejarse mientras todo el mundo discute. Y nosotros, como siempre, aquí tomando nota.